Este mes se publican en la revista European Journal of Neurology los primeros resultados del estudio COPPADIS-2015. Son los datos de los participantes, pacientes, cuidadores y controles, del estudio en su visita basal. Es decir, este análisis da información de la enfermedad en un momento dado, como si sacáramos la foto de ese momento. Lo valioso es la gran cantidad de participantes incluidos evaluados de una forma tan detallada. Y lo que aprendemos de este primer trabajo es que los pacientes con enfermedad de Parkinson tienen muy frecuentemente muchos síntomas, motores y no motores. Mucho más frecuentemente de lo que nos podemos pensar. La clave es preguntar para detectarlos.

El tiempo medio de duración de enfermedad era de 5 años y medio y una gran mayoría, el 90%, se encontraban en un estadio de enfermedad de Hoehn&Yahr de I (enfermedad unilateral) o II (bilateral pero con equilibrio preservado). A pesar de ello, un porcentaje muy importante de pacientes presentaba complicaciones: 34% fluctuaciones motoras, 18% discinesias (movimientos involuntarios), 35% bloqueos de la marcha, 13% caídas, 30% problemas cognitivos, 50% síntomas depresivos (depresión mayor en un 16%), 13% trastorno de control de impulsos, o 57% dolor. En general la afectación desde el punto de vista no motor llama mucho la atención, muy diferente y claramente mayor al comparar con el grupo control. Por ejemplo, en la escala de síntomas no motores, la diferencia fue de 45 puntos de media en los pacientes frente a 14 en los controles. Síntomas cardiovasculares, problemas de sueño, fatiga, ansiedad, bajo ánimo, síntomas gastrointestinales, urinarios, sensoriales, cognitivos o neuropsiquiátricos en conjunto, fueron frecuentes y mucho más marcados en los pacientes.

Los pacientes recibían también más tratamientos, con una media de 7 pastillas y 5 fármacos diarios frente a los controles, que recibían menos de la mitad. Destaca que el consumo de antidepresivos y analgésicos era significativamente mayor en los pacientes con Parkinson, de tal forma que 1 de cada 4 pacientes con enfermedad de Parkinson recibía antidepresivo y/o analgésico. El 70% de los pacientes practicaba actividad física, casi el 30% fisioterapia, un 16% estimulación cognitiva y un 11% logopedia. La calidad de vida fue claramente peor en los pacientes con respecto a los controles, medida hasta por 3 escalas diferentes. Casi el 20% de los pacientes presentaba dependencia funcional frente a menos del 1% de los controles. En cuanto al cuidador, hasta el 70% eran mujeres. Uno de cada 4 cuidadores presentaba algún grado de sobrecarga significativa, pero sólo un 6% un alto nivel de estrés. Lo destacable es que la puntuación en cuanto a estado de ánimo y percepción de calidad de vida era muy parecida a la de los pacientes y peor que la de los controles.

Fuente de la noticia: Curemos el Parkinson