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"HOY TE VI"

Autora: ASTREA (Mª Luisa Vallano Martínez)

Como cada mes de abril, florecieron las violetas. El parque, bullicioso en otros momentos del día permanece ahora en silencio. Acaban de regar el césped y el frescor acrecienta el propio de la mañana.

Elena camina lentamente entre las avenidas solitarias, de vez en cuando encuentra alguien paseando a su perro.

Como cada primavera, la luz es intensa al comienzo de la mañana, el cielo muestra un azul casi irritante, es una luz cegadora que no logran mitigar las frondosas ramas de los árboles.

Los pabellones también presentan un aspecto luminoso, están en restauración, tienen la fachada cubierta por andamios y entre los que se puede apreciar un ladrillo de color rojo anaranjado.

El parque muestra un encanto especial, hay pinos, chopos, cipreses y aquellos de las flores rosadas, tan bellos, junto a la tapia.

El aire tiene una densidad que no es real, originada por las historias que allí permanecen, historias vividas, historias soñadas, de todas, queda algo plasmado en el ambiente hechizado que envuelve aquellas avenidas.

Elena se sienta en un banco cercano, pero apartado del paseo central, al momento, un anciano inexpresivo y tembloroso la saluda con la mano y la invita a sentarse a su lado. Ella accede y entablan conversación. El anciano revive los recuerdos de la infancia, los éxitos de sus nietos, le explica sus enfermedades, la que más le reocupa es la que padece ahora, el parkinson, que está limitando sus movimientos y su libertad. Elena no habla, le escucha, le deja que saque de su interior todo aquello que le preocupa y que le haga participe de sus inquietudes.

A medida que avanza la mañana, el parque va adquiriendo vida, ninguno tiene prisa, Elena, ha decidido contribuir a la felicidad de aquel hombre, aunque solo sea por unas horas.

La vida del anciano dejará algo de sí misma en el encanto del parque, el cual, a pesar de que las flores silvestres azuladas, brotan por todas partes, tiene un aire de desolación.

Es la hora de comer, deciden irse, Elena acompaña al anciano al pabellón en el que se encuentra su residencia, le ofrece su brazo al caminar. Promete venir a verlo más días ambos se sienten felices.

¡Tiene Parkinson! -pensó Elena

¡Que fácil le ha resultado entenderlo, ayudarlo, hacer que se sintiera bien! ¡Cuantas horas ya vividas, que síntomas tan conocidos!

La escena de hoy había sido repetidas tantas veces, y en ese parque o en cualquier lugar de la ciudad. Se va a casa conmovida.

Hoy la imagen de su padre, ha cobrado vida nuevamente en la mente de Elena.

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