| "EL
REGRESO AL HOGAR" Autor: Gonzalo
de Berceo Se preparó un frugal desayuno.
Mientras daba cuenta del mismo, su semblante fue ensombreciéndose. Se
levantó y se acercó a un amplio ventanal, por unos minutos su mirada
se perdió en el infinito. Gonzalo era un hombre
alto y corpulento, moreno, con muchas canas y escaso pelo. De suaves maneras con
una educación poco común. Tenía una vasta cultura adquirida
en principio por su sólida preparación académica, acrecentada
por su afición a los libros y al arte. Desde muy joven se dedicó
a estudiar música gracias a Don Carmelo, maestro de su pueblo, que tenía
buenos conocimientos de dicha disciplina y quien convenció a sus padres
hablándoles de la facilidad que su hijo tenía para la misma y especialmente
para el violonchelo. Pusieron un empeño tal el profesor en enseñar
y el alumno en aprender que Gonzalo estaba seguro que sus padres nunca se arrepintieron
de la decisión tomada. Una vez terminados sus
estudios, comenzó a dar conciertos dentro de España y ante sus éxitos,
pronto fue reclamado por algunas de las más famosas salas de conciertos
de la Vieja Europa. Desde entonces no había cesado de viajar de una parte
a otra teniendo como compañero de sus giras el éxito, su magnífico
violonchelo y Don Carmelo. Todo esto pasó por
su mente mientras miraba por la ventana ensimismado. El sonido del teléfono
le volvió a la realidad. No lo cogió. Siguió pensando. En
estos momentos estaba en el cenit de su fulgurante carrera; nunca había
tenido tantos conciertos firmados: básicamente una gira por USA y otra
por el Sudeste Asiático. El cumplirlas le iba a exigir un esfuerzo titánico,
de más viajes y más ensayos, precisamente cuando su salud pedía
a gritos una atención que nunca le había prestado. Después
de ducharse, se afeitó lentamente; abrió un armario y sacó
un pantalón azul marino y una camisa blanca, se calzó unos mocasines
negros italianos y descendió con dificultad por una escalera de caracol
a la parte noble de la casa. Era una espectacular habitación; en medio
podía verse un pequeño piano de cola, lacado en negro y a su lado
un violonchelo apoyado en una silla y con un atril desplegado con una partitura.
Pulsó un botón y las notas claras y luminosas de Haydn comenzaron
a sonar. Mientras las escuchaba, iba recordando su conversación del
día anterior con el neurólogo. Se había confirmado el diagnóstico:
Parkinson. Gonzalo lo recibió con entereza. Sabía que tendría
que dejar jirones de su vida: conciertos, viajes, fiestas.....pero nunca dejaría
la música. Llamó a su amigo Carmelo
inmediatamente y le contó la conversación con el médico y
lo que en esas primeras veinticuatro horas había pasado por su mente. En
primer lugar, cancelar todas sus actuaciones. Empezaba una nueva vida para Gonzalo.
Volvieron al pueblo. El encuentro con su anciana madre fue conmovedor y entrañable
el cariño con que todo el pueblo lo recibió recordando sus años
de infancia. En sus lentos paseos y largas conversaciones fueron pergeñando
lo que iba a ser un gran proyecto. Entre los dos lo llevarían a cabo: crearían
una Fundación con tres objetivos muy claros: ayudas económicas para
la investigación de la enfermedad de Parkinson, creación de centros
asistenciales para enfermos y una escuela de música para los chicos de
su pueblo que tuvieran aptitudes y afición. Empezaba una nueva vida para
Gonzalo, pero una vida llena: Su entrega a los demás, su afán de
superación, su cordial relación con todos daban sentido a su vida
y la hacían luminosa y fecunda. GONZALO HABÍA
VENCIDO A LA ENFERMEDAD |