Los neurólogos se sirve principalmente de los datos clínicos (síntomas que presenta el paciente), ya que no existen marcadores biológicos fiables, ni pruebas de neuroimagen con resultados específicos.

El diagnóstico es más difícil cuanto más precoz es la fase de la enfermedad, ya que antes de que el afectado presente los primeros síntomas claros, se cree que la enfermedad lleva ya años de evolución.

Al inicio, suelen aparecer síntomas como:

  • Depresión.
  • Fatiga y cansancio.
  • Dolores articulares.
  • Dificultades al caminar por arrastre de un pie.
  • Dificultades en la escritura (letra pequeña y a veces ilegible).

Ante la variedad de estos síntomas iniciales, se suele consultar a diferentes especialistas. Probablemente no consiga mejorar su situación, pero se descartan otras patologías traumatológicas, circulatorias, etc.

Es entonces cuando se presume que el origen puede ser neurológico y el paciente llega a la consulta del neurólogo, quien sí está familiarizado con esa sintomatología. Éste, además de los datos clínicos relatados por el paciente y evidenciados en la exploración,  utiliza los resultados de pruebas como la RMN, TAC, SPECT, DAT-SACN, etc.  para concluir el diagnóstico.

Este finalmente suele confirmarse si el paciente responde adecuadamente al tratamiento medicamentoso con Levodopa.